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25. Canción-Gil Polo (1530–1591)

CANCIÓN

En el campo venturoso,
Donde con clara corriente
Guadalavïar hermoso
Dejando el suelo abundoso
Da tributo al mar potente;

Galatea, desdeñosa
Del dolor que a Licio daña,
Iba alegre y bulliciosa
Por la ribera arenosa
Que el mar con sus ondas baña,

Entre la arena cogiendo
Conchas y piedras pintadas,
Muchos cantares diciendo
Con el son del ronco estruendo
De las ondas alteradas.

Junto al agua se ponía,
Y las ondas aguardaba,
Y en verlas llegar huía;
Pero a veces no podía
Y el blanco pie se mojaba.

Licio, al cual en sufrimiento
Amador ninguno iguala,
Suspendió allí su tormento
Mientras miraba el contento
De su pulida zagala.

Mas cotejando su mal
Con el gozo que ella había
El fatigado zagal
Con voz amarga y mortal
De esta manera decía:

—Ninfa hermosa, no te vea
Jugar con el mar horrendo;
Y aunque más placer te sea,
Huye del mar, Galatea,
Como estás de Licio huyendo.

Deja ahora de jugar,
Que me es dolor importuno:
No me hagas más penar,
Que en verte cerca del mar
Tengo celos de Neptuno.

Causa mi triste cuidado
Que a mi pensamiento crea:
Porque ya está averiguado
Que si no es tu enamorado
Lo será cuando te vea.

Y está cierto, porque amor
Sabe desde que me hirió,
Que para pena mayor
Me falta un competidor
Más poderoso que yo.

Deja la seca ribera,
Do está el alga infructuosa:
Guarda que no salga afuera
Alguna marina fiera
Enroscada y escamosa.

Huye ya, y mira que siento
Por ti dolores sobrados;
Porque con doble tormento
Celos me da tu contento
Y tu peligro cuidados.

En verte regocijada
Celos me hacen acordar
De Europa, ninfa preciada,
Del toro blanco engañada
En la ribera del mar.

Y el ordinario cuidado
Hace que piense contino
De aquel desdeñoso alnado,
Orilla el mar arrastrado,
Visto aquel monstruo marino.

Mas no veo en ti temor
De congoja y pena tanta;
Que bien sé por mi dolor
Que a quien no teme al amor
Ningún peligro le espanta.

Guarte pues de un gran cuidado:
Que el vengativo Cupido
Viéndose menospreciado,
Lo que no hace de grado,
Suele hacerlo de ofendido.

Ven conmigo al bosque ameno,
Y al apacible sombrío
De olorosas flores lleno,
Do en el día más sereno
No es enojoso el Estío.

Si el agua te es placentera,
Hay allí fuente tan bella,
Que para ser la primera
Entre todas, sólo espera
Que tú te laves en ella.

En aqueste raso suelo
A guardar tu hermosa cara
No basta sombrero o velo;
Que estando al abierto cielo
El sol morena te para.

No escuchas dulces concentos,
Sino el espantoso estruendo
Con que los bravosos vientos
Con soberbios movimientos
Van las aguas revolviendo.

Y tras la fortuna fiera
Son las vistas más süaves
Ver llegar a la ribera
La destrozada madera
De las anegadas naves.

Ven a la dulce floresta,
Do natura no fue escasa:
Donde haciendo alegre fiesta
La más calorosa siesta
Con más deleite se pasa.

Huye los soberbios mares;
Ven, verás cómo cantamos
Tan deleitosos cantares
Que los más duros pesares
Suspendemos y engañamos;

Y aunque quien pasa dolores,
Amor le fuerza a cantarlos,
Yo haré que los pastores
No digan cantos de amores,
Porque huelgues de escucharlos.

Allí, por bosques y prados,
Podrás leer todas horas,
En mil robles señalados
Los nombres más celebrados
De las ninfas y pastoras.

Mas seráte cosa triste
Ver tu nombre allí pintado,
En saber que escrita fuiste
Por el que siempre tuviste
De tu memoria borrado.

Y aunque mucho estés airada,
No creo yo que te asombre
Tanto el verte allí pintada,
Como el ver que eres amada
Del que allí escribió tu nombre.

No ser querida y amar
Fuera triste desplacer;
Mas ¿qué tormento o pesar
Te puede, Ninfa, causar
Ser querida y no querer?

Mas desprecia cuanto quieras
A tu pastor, Galatea;
Sólo que en estas riberas
Cerca de las ondas fieras
Con mis ojos no te vea.

¿Qué pasatiempo mejor
Orilla el mar puede hallarse
Que escuchar el ruiseñor,
Coger la olorosa flor
Y en clara fuente lavarse?

Plugiera a Dios que gozaras
De nuestro campo y ribera,
Y porque más lo preciaras,
Ojalá tú lo probaras,
Antes que yo lo dijera.

Porque cuanto alabo aquí
De su crédito lo quito;
Pues el contentarme a mí
Bastará para que a ti
No te venga en apetito.—

Licio mucho más le hablara,
Y tenía más que hablalle,
Si ella no se lo estorbara,
Que con desdeñosa cara
Al triste dice que calle.

Volvió a sus juegos la fiera
Y a sus llantos el pastor,
Y de la misma manera
Ella queda en la ribera,
Y él en su mismo dolor.

Gil Polo (1530–1591)

40.Canción-Lope de Vega (1562–1635)

CANCIÓN

¡Oh libertad preciosa,
No comparada al oro,
Ni al bien mayor de la espaciosa tierra!
Más rica y más gozosa
Que el precioso tesoro
Que el mar del sur entre su nácar cierra;
Con armas, sangre y guerra,
Con las vidas y famas,
Conquistada en el mundo;
Paz dulce, amor profundo,
Que el mal apartas y a tu bien nos llamas:
En ti sola se anida
Oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.

Cuando de las humanas
Tinieblas vi del cielo
La luz, principio de mis dulces días,
Aquellas tres hermanas
Que nuestro humano velo
Tejiendo, llevan por inciertas vías,
Las duras penas mías
Trocaron en la gloria
Que en libertad poseo,
Con siempre igual deseo,
Donde verá por mi dichosa historia,
Quien más leyere en ella,
Que es dulce libertad lo menos della.

Yo pues, señor exento
Desta montaña y prado,
Gozo la gloria y libertad que tengo.
Soberbio pensamiento
Jamás ha derribado
La vida humilde y pobre que sostengo.
Cuando a las manos vengo
Con el muchacho ciego,
Haciendo rostro embisto,
Venzo, triunfo y resisto
La flecha, el arco, la ponzoña, el fuego,
Y con libre albedrío
Lloro el ajeno mal y canto el mío.

Cuando el aurora baña
Con helado rocío
De aljófar celestial el monte y prado,
Salgo de mi cabaña,
Riberas deste río,
A dar el nuevo pasto a mi ganado,
Y cuando el sol dorado
Muestra sus fuerzas graves,
Al sueño el pecho inclino
Debajo un sauce o pino,
O ya gozando el aura,
Oyendo el son de las parleras aves,
Donde el perdido aliento se restaura.

Cuando la noche oscura
Con su estrellado manto
El claro día en su tiniebla encierra,
Y suena en la espesura
El tenebroso canto
De los nocturnos hijos de la tierra,
Al pie de aquesta sierra
Con rústicas palabras
Mi ganadillo cuento
Y el corazón contento
Del gobierno de ovejas y de cabras,
La temerosa cuenta
Del cuidadoso rey me representa.

Aquí la verde pera
Con la manzana hermosa,
De gualda y roja sangre matizada,
Y de color de rosa
La cermeña olorosa
Tengo, y la endrina de color morada;
Aquí de la enramada
Parra que al olmo enlaza,
Melosas uvas cojo;
Y en cantidad recojo,
Al tiempo que las ramas desenlaza
El caluroso estío,
Membrillos que coronan este río.

No me da descontento
El hábito costoso
Que de lascivo el pecho noble infama;
Es mi dulce sustento
Del campo generoso
Estas silvestres frutas que derrama;
Mi regalada cama
De blandas pieles y hojas,
Que algún rey la envidiara,
Y de ti, fuente clara,
Que bullendo, el arena y agua arrojas,
Estos cristales puros,
Sustentos pobres, pero bien seguros.

Estése el cortesano
Procurando a su gusto
La blanda cama y el mejor sustento;
Bese la ingrata mano
Del poderoso injusto,
Formando torres de esperanza al viento;
Viva y muera sediento
Por el honroso oficio,
Y goce yo del suelo,
Al aire, al sol y al hielo,
Ocupado en mi rústico ejercicio;
Que más vale pobreza
En paz, que en guerra mísera riqueza.

Ni temo al poderoso
Ni al rico lisonjeo,
Ni soy camaleón del que gobierna,
Ni me tiene envidioso
La ambición y deseo
De ajena gloria ni de fama eterna;
Carne sabrosa y tierna,
Vino aromatizado,
Pan blanco de aquel día,
En prado, en fuente fría,
Halla un pastor con hambre fatigado;
Que el grande y el pequeño
Somos iguales lo que dura el sueño.

Lope de Vega (1562–1635

61. Canción Real a una Mudanza-Antonio Mira de Amescua (1574-1644)

CANCIÓN REAL A UNA MUDANZA

Ufano, alegre, altivo, enamorado,
Rompiendo el aire el pardo jilguerillo,
Se sentó en los pimpollos de una haya,
Y con su pico de marfil nevado
De su pechuelo blanco y amarillo
La pluma concertó pajiza y baya;
Y celoso se ensaya
A discantar en alto contrapunto
Sus celos y amor junto,
Y al ramillo, y al prado y a las flores
Libre y ufano cuenta sus amores.
Mas ¡ay! que en este estado
El cazador cruel, de astucia armado,
Escondido le acecha,
Y al tierno corazón aguda flecha
Tira con mano esquiva
Y envuelto en sangre en tierra lo derriba.
¡Ay, vida mal lograda,
Retrato de mi suerte desdichada!

De la custodia del amor materno
El corderillo juguetón se aleja,
Enamorado de la yerba y flores,
Y por la libertad del pasto tierno
El cándido licor olvida y deja
Por quien hizo a su madre mil amores:
Sin conocer temores,
De la florida primavera bella
El vario manto huella
Con retozos y brincos licenciosos,
Y pace tallos tiernos y sabrosos.
Mas ¡ay! Que en un otero
Dio en la boca de un lobo carnicero,
Que en partes diferentes
Lo dividió con sus voraces dientes,
Y a convertirse vino
En purpúreo el dorado vellocino.
¡Oh inocencia ofendida,
Breve bien, caro pasto, corta vida!

Rica con sus penachos y copetes,
Ufana y loca, con ligero vuelo
Se remonta la garza a las estrellas,
Y, puliendo sus negros martinetes,
Procura ser allá cerca del cielo
La reina sola de las aves bellas:
Y por ser ella de ellas
La que más altanera se remonta,
Ya se encubre y trasmonta
A los ojos del lince más atentos
Y se contempla reina de los vientos.
Mas ¡ay! que en la alta nube
El águila la vio y al cielo sube,
Donde con pico y garra
El pecho candidísimo desgarra
Del bello airón que quiso
Volar tan alto con tan corto aviso.
¡Ay, pájaro altanero,
Retrato de mi suerte verdadero!

Al son de las belísonas trompetas
Y al retumbar del sonroso parche,
Formó escuadrón el capitán gallardo;
Con relinchos, bufidos y corvetas
Pidió el caballo que la gente marche
Trocando en paso presuroso el tardo:
Sonó el clarín bastardo
La esperada serial de arremetida,
Y en batalla rompida,
Teniendo cierta de vencer la gloria,
Oyó a su gente que cantó victoria.
Mas ¡ay! que el desconcierto
Del capitán bisoño y poco experto,
Por no observar el orden
Causó en su gente general desorden,
Y, la ocasión perdida,
El vencedor perdió victoria y vida.
¡Ay, fortuna voltaria,
En mis prósperos fines siempre varia!

Al cristalino y mudo lisonjero
La bella dama en su beldad se goza,
Contemplándose Venus en la tierra,
Y al más rebelde corazón de acero
Con su vista enternece y alboroza,
Y es de las libertades dulce guerra:
El desamor destierra
De donde pone sus divinos ojos,
Y de ellos son despojos
Los purísimos castos de Diana,
Y en su belleza se contempla ufana.
Mas ¡ay! que un accidente,
Apenas puso el pulso intercadente,
Cuando cubrió de manchas,
Cárdenas ronchas y viruelas anchas
El bello rostro hermoso
Y lo trocó en horrible y asqueroso.
¡Ay, beldad malograda,
Muerta luz, turbio sol y flor pisada!

Sobre frágiles leños, que con alas
De lienzo débil de la mar son carros,
El mercader surcó sus claras olas:
Llegó a la India, y, rico de bengalas,
Perlas, aromas, nácares bizarros,
Volvió a ver las riberas españolas.
Tremoló banderolas,
Flámulas, estandartes, gallardetes:
Dio premio a los grumetes
Por haber descubierto
De la querida patria el dulce puerto.
Mas ¡ay! que estaba ignoto
A la experiencia y ciencia del piloto
En la barra un peñasco,
Donde, tocando de la nave el casco,
Dio a fondo, hechos mil piezas,
Mercader, esperanzas y riquezas.
¡Pobre bajel, figura
Del que anegó mi próspera ventura!

Mi pensamiento con ligero vuelo
Ufano, alegre, altivo, enamorado,
Sin conocer temores la memoria,
Se remontó, señora, hasta tu cielo,
Y contrastando tu desdén airado,
Triunfó mi amor, cantó mi fe victoria;
Y en la sublime gloria
De esa beldad se contempló mi alma,
Y el mar de amor sin calma
Mi navecilla con su viento en popa
Llevaba navegando a toda ropa.
Mas ¡ay! que mi contento
Fue el pajarillo y el corderillo exento,
Fue la garza altanera,
Fue el capitán que la victoria espera,
Fue la Venus del mundo,
Fue la nave del piélago profundo;
Pues por diversos modos
Todos los males padecí de todos.

Canción, ve a la coluna
Que sustentó mi próspera fortuna,
Y verás que si entonces
Te pareció de mármoles y bronces,
Hoy es mujer; y en suma
Breve bien, fácil viento, leve espuma.

Antonio Mira de Amescua (1574-1644)

77. Canción del Pirata-José de Espronceda (1808-1842)

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,
Viento en popa, a toda vela,
No corta el mar, sino vuela
Un velero bergantín:
Bajel pirata que llaman,
Por su bravura, el Temido,
En todo mar conocido
Del uno al otro confín.
La luna en el mar dela,
En la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;
Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul.
          «Navega, velero mío,
                    Sin temor;
          Que ni enemigo navío,
          Ni tormenta, ni bonanza
          Tu rumbo a torcer alcanza,
          Ni a sujetar tu valor.
                    »Veinte presas
                    Hemos hecho
                    A despecho
                    Del inglés,
                    Y han rendido
                    Sus pendones
                    Cien naciones
                    A mis pies.»

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza del viento,
Mi única patria, la mar.

          «Allá muevan feroz guerra
                    Ciegos reyes
          Por un palmo más de tierra:
          Que yo tengo aquí por mío
          Cuanto abarca el mar bravío,
          A quien nadie impuso leyes.
                    »Y no hay playa,
                    Sea cualquiera,
                    Ni bandera
                    De esplendor,
                    Que no sienta
                    Mi derecho,
                    Y dé pecho
                    A mi valor.»

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza del viento,
Mi única patria, la mar.

          «A la voz de “¡barco viene!”
                    Es de ver
          Cómo vira y se previene
          A todo trapo escapar;
          Que yo soy el rey del mar,
          Y mi furia es de temer.
                    »En las presas
                    Yo divido
                    Lo cogido
                    Por igual.
                    Sólo quiero
                    Por riqueza
                    La belleza
                    Sin rival.»

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza del viento,
Mi única patria, la mar.

          «¡Sentenciado estoy a muerte!
                    Yo me río:
          No me abandone la suerte
          Y al mismo que me condena,
          Colgaré de alguna antena,
          Quizá en su propio navío.
                    »Y si caigo,
                   ¿Qué es la vida?
                    Por perdida
                    Ya la di,
                    Cuando el yugo
                    Del esclavo,
                    Como un bravo,
                    Sacudí.»

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza del viento,
Mi única patria, la mar.

          «Son mi música mejor Aquilones:
                    El estrépito y temblor
          De los cables sacudidos,
          Del negro mar los bramidos
          Y el rugir de mis cañones
                    »Y del trueno
                    Al son violento
                    Y del viento
                    Al rebramar,
                    Yo me duermo
                    Sosegado,
                    Arrullado
                    Por el mar.»

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza del viento,
Mi única patria, la mar.

José de Espronceda (1808-1842)

84. Canción de la Primavera-Pablo Piferrer i Fábregas(1818-1948)

CANCIÓN DE LA PRIMAVERA

Ya vuelve la primavera:
Suene la gaita,—ruede la danza:
Tiende sobre la pradera
El verde manto—de la esperanza.
Sopla caliente la brisa:
Suene la gaita,—ruede la danza:
Las nubes pasan aprisa,
Y el azur muestran—de la esperanza.
La flor ríe en su capullo:
Suene la gaita,—ruede la danza:
Canta el agua en su murmullo
El poder santo—de la esperanza.
¿La oís que en los aires trina?
Suene la gaita,—ruede la danza:
—«Abrid a la golondrina,
Que vuelve en alas—de la esperanza.»—
Niña, la niña modesta:
Suene la gaita,—ruede la danza:
El Mayo trae tu fiesta
Que el logro trae—de tu esperanza.
Cubre la tierra el amor:
Suene la gaita,—ruede la danza:
El perfume engendrador
Al seno sube—de la esperanza.
Todo zumba y reverdece:
Suene la gaita,--ruede la danza:
Cuanto el son y el verdor crece,
Tanto más crece—toda esperanza.
Sonido, aroma y color
(Suene la gaita,—ruede la danza)
Únense en himnos de amor,
Que engendra el himno—de la esperanza.
Morirá la primavera:
Suene la gaita,—ruede la danza:
Mas cada año en la pradera
Tornará el manto—de la esperanza.
La inocencia de la vida
(Calle la gaita,—pare la danza)
No torna una vez perdida:
¡Perdí la mía!—¡ay mi esperanza!

Pablo Piferrer i Fábregas(1818-1948)